La Mistress, vestida con un ceñido traje de cuero negro, se impone con su presencia intimidante. Sin piedad, ordena al esclavo español a arrodillarse y abrir la boca, preparándolo para el acto degradante que está por venir. La humillación y la sumisión absoluta se reflejan en los ojos del esclavo, completamente entregado a su papel de sumiso.