La Ama se presenta con su imponente atuendo de cuero, brillando bajo las luces mientras mira a sus esclavos con desdén. Agarra la cabeza del esclavo español y lo obliga a tragar cada gota de su excremento, su risa resonando en la habitación. El esclavo, humillado y derrotado, acepta su destino como un inodoro humano, sus ojos llenos de sumisión total.