Vestida en cuero ajustado, la Princesa del Scat se yergue con autoridad, cigarro en mano. Con una sonrisa malévola, ordena a su sumiso que se arrodille y acepta su destino mientras ella lo marca con su orina y lo obliga a comer su caca. La sumisión total se refleja en sus ojos, humillado y perdido en su deseo de complacer cada capricho de su reina.