La Princesa Dominatrix, vestida en cuero negro ajustado, se yergue con autoridad. Con una mirada penetrante, ordena a su sumiso a arrodillarse y adorar sus pies, mientras disfruta de un cigarro, dejando caer cenizas sobre él. La sumisión total se apodera del sumiso, quien se siente completamente humillado y a sus pies, listo para cumplir cada capricho.