La actriz, vestida con un corsé de cuero negro, se planta firme con una mirada de autoridad absoluta. Con un látigo en mano, ordena al esclavo que se arrodille y abre la boca, lista para su castigo escatológico. El esclavo, temblando de anticipación y sumisión, cierra los ojos mientras acepta su destino con devoción ciega.