Valery, vestida con un atuendo provocador, se apodera del escenario con una confianza inquebrantable. Ordena a su esclavo mexicano que se arrodille, y sin titubear, inicia el juego de dominación extrema, obligándolo a adorar cada parte de su cuerpo y a consumir sus excrementos. La sumisión total del esclavo se refleja en su mirada perdida, completamente entregado a los deseos de su ama.